La Bolsa de Comercio de Rosario dijo en un informe que se sembrarán 6,8 millones de hectáreas, la superficie más alta en 18 años, y que permiten proyectar «una cosecha en el rango de los 21 a 22 millones de toneladas».

El optimismo por otra buena campaña triguera comenzó a reflejarse en las primeras operaciones de venta para el ciclo 2019/20. De acuerdo con el informe de la BCR, los exportadores adquirieron algo más de un millón de toneladas y anotaron ventas por 850.000 toneladas. «Es un récord histórico para esta altura del año».

Esas previsiones se tendrán que contrastar con el comportamiento de las lluvias. En gran parte del territorio bonaerense, la principal provincia productora del país, con 40%, los suelos necesitan agua y se espera que comiencen a recibirlas a partir de esta semana. También hay un panorama similar en el sur de Santa Fe, mientras que Córdoba, que produce el 30% del trigo nacional, tiene condiciones favorables para la siembra.

Pero el partido del trigo también se juega en la otra punta del planeta: Australia, el principal competidor argentino en el Hemisferio Sur. El gigante de Oceanía tuvo una dura sequía el año pasado y perdió buena parte de los mercados del sudeste asiático, a los que naturalmente abastece, a manos de los productores argentinos.

En Australia ya comenzó la siembra, pero las lluvias todavía no son suficientes. La semana pasada el gobierno australiano anunció que por primera vez en 12 años tuvo que importar trigo como consecuencia de la caída de la producción.

En ese contexto, el trigo va ganando cada vez más importancia en el impacto económico que genera toda la cadena agroindustrial. Habitualmente los productores lo consideraban como el cultivo para «hacer caja» a partir de diciembre, a la espera del premio mayor de mitad de año, con la soja.

Tras la eliminación de las trabas para exportar y la reducción de las retenciones en diciembre de 2015, reinstauradas luego parcialmente en septiembre pasado, el peso económico del cereal que se siembra en el otoño y en el invierno es cada vez más importante.

Fuente: La Nación