La oferta de pasto, la creciente demanda mundial, las buenas prácticas y la tecnología son algunas de las claves.

China determinó años atrás que el consumo de carne vacuna va a ser abastecido por terceros países y que ellos no van a aumentar su producción. Independientemente del problema de la peste porcina africana, China va a seguir siendo un fuerte demandante de carne bovina. Hasta 2012, se autoabastecía de carne vacuna, pero en ese momento comienza a importar y las proyecciones indicaban (antes de la aparición de la peste porcina africana) que llegaría a comprar cerca de 4 millones de tn hacia 2022, producto del crecimiento económico. Por otro lado hasta el 2023 inclusive continuará la escasez de carne porcina fruto de la pandemia.

La carne vacuna no puede aumentar rápidamente la oferta debido al ciclo biológico del vacuno, que es más lento que el crecimiento de la demanda.

Es mayor la cantidad de bocas que deciden comer carne vacuna que la capacidad de ofrecer más carne. Por eso decimos que hay una demanda estructural insatisfecha que va a permanecer en el tiempo. No existe en la historia cercana una situación como la que se está dando hoy en el mundo, y esto es independiente del coronavirus y de la peste porcina africana. Estas son las cosas que no hay que perder de vista cuando se toman decisiones sobre producción.

Tenemos una población mundial en crecimiento, con mayor poder adquisitivo y cambios en los hábitos de consumo, y un consumo interno abastecido. Hay que tener en cuenta que en China, cada año una población equivalente a la argentina pasa a ser clase media y a consumir carne vacuna. Otra cosa a tener en cuenta es que si en los últimos años esa demanda era para guisos, ahora va variando hacia cortes de calidad, con carne enfriada con y sin hueso, de mayor precio.

Si tenemos una demanda importante asegurada, tenemos que ver de qué manera responder, siendo uno de los pocos países en condiciones de crecer.

Fuente: Agencia Télam